Crecimos viendo la tele sin mando, rebobinando cintas con un boli y comiendo bocatas de Nocilla con pan de ayer.
Hoy somos adultas funcionales (más o menos), con una pasión irracional por los rotuladores, los recuerdos vintage y las cosas que te hacen sonreír mientras dices:
“¡Ostras, esto me lo comía yo de pequeña!”
Este libro no está pensado para que alcances la iluminación ni para que te reencuentres con tu yo interior a través del color magenta.
Está pensado para que te rías, te relajes y te acuerdes de lo guay que era tener tardes de aburrimiento… y una caja de Cariocas medio secos.
Lo hemos hecho con todo el cariño, un poco de nostalgia y un puñado de anécdotas que aún nos hacen llorar de risa.
Gracias por abrirlo. Por colorearlo. Por compartirlo.
Y sobre todo…
gracias por seguir siendo una criatura ochentera, aunque ahora pagues facturas.